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¿Orarías Conmigo?

El apóstol Pablo, a su hijo en la fe, Timoteo, escribió lo siguiente en su primera carta,

“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad”

1 Timoteo 2:1-2.

Meditemos en esto por unos minutos. ¿Quién necesita oraciones? Todo el mundo, ¿verdad? Hay algunas veces en que simplemente hacemos una oración genérica (lo que quiero decir con esto es que oramos por todas las personas en el mundo como un todo, como un solo objeto), pero, teniendo en cuenta la pandemia actual, permítanme sugerirnos acerca de algunas personas que necesitan de nuestras oraciones.

Gobierno:

Sabemos que no todos en el gobierno son personas justas. Sabemos que algunos de ellos pueden ser corruptos, pero, en este momento, ellos son los que están a cargo de nuestra seguridad. El mismo Pablo que escribió a Timoteo escribió a los hermanos de Roma, y les hizo saber que debemos someternos a las autoridades superiores porque son ordenadas por Dios (Romanos 13:1-5). Oremos por ellos, no nos resistamos a la autoridad que se les ha sido concedida, y consideremos que, según las Escrituras, ellos también son ministros de Dios.

Personal Médico:

Son la primera línea de batalla contra este virus. Muchos de ellos se han enfermado debido al contacto que tienen con aquellos que vienen en busca de ayuda para esta enfermedad. Algunos de ellos podrían morir (como algunos ya lo han hecho), pero están dispuestos a correrse ese riesgo para ayudarnos en esta batalla. Por favor, mantén el mismo pensamiento con todos los militares, policías, bomberos y todos los demás grupos que ponen su vida frente a la batalla para que podamos dormir bien. Nunca nos olvidemos de orar por ellos.

Transporte:

No todo el mundo es bendecido con la oportunidad de tener un automóvil para sí mismos. Muchos requieren viajar en tren, autobús o taxi. Estos conductores se están exponiendo a enfermarse por uno de sus pasajeros, pero lo hacen porque, en primer lugar, tienen que hacerlo para llevar comida a sus hogares, y, en segundo lugar, porque saben que hay una necesidad de todos aquellos trabajadores que no tienen la oportunidad de trabajar desde casa y necesitan llegar a su lugar de trabajo para sostener también a sus familias. No olvidemos a los conductores, pilotos, o capitanes que también tienen una enorme responsabilidad en llevar no sólo a los pasajeros a su destino, sino también a los productos, y la mercancía que tanto se necesita en estos días.

Empleados de Supermercados:

¿Es su culpa que la gente caiga en la paranoia de comprar productos de higiene para todo un año? No, no lo es. Sólo están haciendo su trabajo. También pueden frustrarse porque, seamos honestos, ¿quiénes son los culpables de esa escasez? No nos culpamos a nosotros mismos, sino a ellos. Pensemos en los que están a cargo de las estanterías, los que constantemente buscan en el inventario, los que mantienen el lugar limpio, los que están en las cajas o ayudando en el auto pago, los que están empacando lo que compramos. Todos ellos están en el mismo nivel de estrés, o superior, que el que está comprando. Puedes ir a la tienda y obtener lo que necesitas en menos de 10 minutos, pero ellos están allí todo el día, expuestos a obtener ese virus de cada cliente con que se ponen en contacto. Ahora bien, añadamos en esta súplica a aquellos que trabajan en farmacias, restaurantes y todos los otros tipos de tiendas en que podrías pensar.

Escuelas:

No están de vacaciones. Es posible que  tengan todo planeado para el año escolar, pero ahora están obligados a hacer cambios para ayudar a nuestros hijos a seguir aprendiendo. Algunos de ellos podrían no ser expertos en tecnología y de alguna manera ahora necesitan aprender a usar Skype, Facetime, o tal vez transmisión en vivo para seguir haciendo lo que les gusta, enseñar a sus estudiantes. Es posible que necesiten viajar a la escuela y sentarse en un salón de clases vacío para hacer todo eso.  Piensa también en cómo esto afecta a nuestros hijos, podrían estar extrañando el jugar o hablar con sus mejores amigos, e incluso cuando la tecnología podría mantenerlos en contacto, no es lo mismo que estar físicamente allí.

La Iglesia:

El personal médico es ciertamente importante para mantenernos sanos y seguros, pero ¿qué pasa con tu alma? No pueden salvarla por ti. Y ciertamente, nadie puede, sólo Cristo por medio de nuestra sumisión en hacer Su voluntad y guardar Sus mandamientos. Pero, ¿cómo puedes saber lo que debes hacer? Por eso la iglesia es importante. La Iglesia te ayuda a hacer eso, y nadie en la iglesia quiere ver un auditorio o salón vacío, pero se necesitan medidas por seguir y mantenernos a salvo. Algunas personas podrían citar a los apóstoles y simplemente decir: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Y es cierto, pero hay una gran razón por la que hay liderazgo en la iglesia. En ese mismo libro, 15 capítulos después, podemos leer este pasaje, “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos [ancianos, MR], para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28). Esta es una instrucción dada a los ancianos de la iglesia.  El escritor a los Hebreos nos recordó que debemos obedecer a nuestros pastores (otra forma de referirse a los ancianos), sujetarnos a ellos, porque velan por nuestras almas, y ellos darán cuenta a Dios de lo que hicieron, harán y seguirán haciendo (Hebreos 13:17). Están haciendo lo mejor para mantener al rebaño a salvo. Confiemos en ellos. Y, pensemos, por un momento, en aquellas congregaciones donde no hay ancianos, y cómo estamos haciendo todo lo posible al ver lo que los ancianados fieles están haciendo para mantener a su rebaño a salvo, para que podamos replicar en la mejor de nuestras habilidades, y mantener nuestra congregación segura también. Los evangelistas y los maestros bíblicos también son importantes, dedican gran parte de su tiempo a preparar lecciones para que aprendamos acerca de Dios, la fe, la salvación, el pecado, el cielo, el infierno y siéntete libre de seguir nombrando más temas. Sigamos orando para que podamos regocijarnos de nuevo en la dulce comunión en este lado del cielo.

Nosotros:

Sí, nosotros, tú y yo. También necesitamos oraciones. Necesitamos la guía de Dios, no sólo a través de Su Palabra, sino también a través de Su providencia. El inspirado Santiago escribió: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago1:5). Actualmente estamos viviendo una situación muy difícil, necesitamos sabiduría, y Dios es el dador de ella. ¿Quién sabe más que Dios? Nadie. El mismo Santiago también escribió, “… orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). Por favor, por favor, ora por mí, tanto como puedas, ya que también yo estoy haciendo lo mismo por ti. Puede ser que no estemos enfermos con este virus horrendo (todavía), pero, si llegaremos a estarlo, ciertamente nos encantaría saber que nuestros hermanos están orando por nosotros.

Lo sé, ha sido una lectura larga, pero, el punto final es, tenemos que ocuparnos en la oración, por todos, porque, como Pablo le dijo a Timoteo en su carta,

“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”

1 Timoteo 2:3-4.

Una última cosa, antes de terminar tu oración, no te olvides de dar gracias a Dios por sus infinitas bendiciones, o, como dice el himno, “Bendiciones, ¿cuántas tienes ya? Bendiciones, Dios te manda más”, después de todo, si estás leyendo esto es porque todavía estás vivo, y esta es sólo una de las muchas bendiciones que Él te dio.

Que Dios te bendiga ricamente hoy y siempre, y sigamos orando, porque, para Él, nada hay imposible (Lucas 1:37). Toda gloria sea dada a Él.

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