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Pensando En Nuestros Hijos

Quizás el versículo bíblico más citado a la hora de hablar acerca de paternidad responsable es, “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbio 22:6). Ciertamente es un gran consejo para todos quienes tenemos la bendición de ser padres, y para todo aquel que esté pensando en iniciar su hogar en un futuro próximo.

El mundo, hoy en día, con todos sus adelantos tecnológicos, ofrece muchas oportunidades de distraernos de llevar a cabo tan importante labor. Muchos padres, con tal de tener un rato de silencio, les dan celulares o tabletas a sus hijos para que “no molesten”. No importa la edad del niño, porque incluso, siendo bebes le ponen una pantalla frente a su asiento en el automóvil para que “se entretengan”. En la época en que este escritor era un niño, el televisor era considerado “una buena niñera” más nunca usurpó el lugar de una buena madre. Hoy, ese título se ha otorgado a esas pantallas portátiles, que, aunque les llamemos “inteligentes”, solamente tienen algo de inteligencia cuando su usuario las utiliza inteligentemente.

Recientemente leí esta frase compartida por mi amigo y hermano Mark Nichols Posey, “O vives según Filipenses 1:21 o según Filipenses 2:21”. Vayamos al texto bíblico y veamos lo que dicen estos pasajes,

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”

Filipenses 1:21.

“Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús”

Filipenses 2:21.

Como padres temerosos de Dios, ¿cuál de estos dos estilos de vida estamos enseñando a nuestros hijos? Es necesario que comprendamos que “los niños son niños” y como tales requieren de la guía y disciplina de sus padres. Ellos no se mandan solos, no permitamos que el mundo nos haga creer eso. Ellos nos necesitan. Ceder ante la costumbre del mundo en este tipo de crianza, solamente es una postergación de problemas que según nosotros evitamos. Cuando uno de nuestros pequeños hace un “berrinche” porque “demanda” que le demos la tableta o celular, Dios nos ha hecho saber que tenemos la autoridad para corregir esa actitud. El mismo sabio que escribió Proverbios 22:6 también escribió, “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24), y “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo” (Proverbios 19:18). Vemos que no se autoriza la violencia sino una manera de disciplina en que nuestros hijos comprendan que lo que deseamos es corregir una mala actitud o acción, porque los amamos y deseamos que crezcan bien, que aprendan lo bueno, que lo pongan en práctica, y que salgan adelante. Ciertamente de esta forma les ayudamos a que cuando lleguen a viejos no se aparten del camino que Dios ha preparado para todos, según Su palabra.

No temamos al momento de educar y disciplinar a nuestros hijos, incluso el mundo nos lo agradecerá después. Serán hombres y mujeres temerosos de Dios, respetuosos de Su palabra, y hacedores del bien. Serán responsables no solamente en sus estudios, sino también en sus profesiones y en los hogares que ellos formarán. Serán buenos ejemplos no solo para la sociedad, sino también para sus hijos y nietos. Mas, recordemos que ellos hacen lo que ven. Si no ven este comportamiento en sus padres, por más que sus padres les ordenen, eduquen, y corrijan, no lo van a hacer porque simplemente están viendo un acto de “hipocresía” total.

Muchas veces hemos escuchado testimonios, tanto de hombres como de mujeres, que dicen, “yo no voy a ser como mis padres, voy a ser uno bueno”, o, “no conocí a mi padre, pero mi hijo si conocerá al suyo”, o, “mi hijo tendrá todo lo que yo no tuve”. La última declaración quizás sea la más conocida, y tristemente es, probablemente, la principal razón del problema que enfrentamos hoy en día con respecto a paternidad responsable. Como “yo” no tuve los mejores juguetes cuando niño, mi hijo los va a tener. Como “yo” no pude viajar por el mundo, mi hijo lo va a hacer. Como “yo” viajaba en bus o a pie, mi hijo jamás pasará por esa etapa, siempre andará en autos cómodos y frescos. Y muchos más ejemplos pueden ser citados. Cada país tiene su propio vocablo para el término “mimado”, el cual, de acuerdo con la Real Academia Española es “Dicho especialmente de un niño: Qué está mal acostumbrado por el exceso de mimos [énfasis añadido]”[1]. Nótese el énfasis que este autor hace en esa definición. ¿Hay algo malo en llevar a mis hijos a ver una película al cine? ¿O en ir a comer unos helados? ¿O en comprarle un juguete que tanto le gusta? No, no hay nada malo en ello, el problema está en el exceso que causa una mala costumbre.

Cooperamos en mal educar a nuestros hijos cuando les decimos “si no te comes … no te compro …”, “si no haces tus quehaceres no te llevo a …”; “si no haces tus tareas no te dejare …”. Hoy en día los niños parecen ser quienes controlan el hogar. ¿Cuántas veces debe la madre pedirle a su hija que arregle la cama? ¿Cuántas veces el padre debe pedirle a su hijo que saque la basura? ¿Cuántas veces … [llene el espacio en blanco]? Es posible que el hijo o la hija no haya escuchado la petición de sus padres en la primera o segunda ocasión, pero, muchas de estas son tareas diarias, cosas recurrentes, acciones que forman el carácter de estos, y no deberían recordársele constantemente sobre la importancia de llevarlas a cabo, como parte de su responsabilidad. Los malacostumbramos a que como no lo hacen, nosotros lo hacemos por ellos. Nuestros hijos no se van a enfermar o morir por un día que no arreglen su habitación, pero tampoco les pasará nada por un día sin celular, consola de videojuegos, o internet. Debemos reaccionar y notar el daño que le estamos causando a nuestros niños. La trillada frase “los niños de hoy son los hombres y mujeres de mañana” hace mucho sentido aquí. Debemos incentivar a nuestros hijos a ser hombres y mujeres de bien, no por una simple recompensa que complace un capricho temporal (siempre van a querer más, y no solo más, sino más grande), pero una recompensa que les da una enseñanza de vida y de cómo superar cualquier obstáculo que se les presente.

Un amado hermano una vez nos comentó como, al ver a su hijo recién nacido, pudo ver la perfección de Dios, como este pequeñito vino al mundo, libre de pecado (sí, así es, libre de pecado, lee Ezequiel 18:20), para ser parte de su hogar, y como él, en ese momento, comprendía que ese bebé es un préstamo por parte de Dios. Así como Dios nos entrega a nuestros hijos, Él los espera de vuelta. Es nuestra responsabilidad el instruirlos en el camino de Dios, de prepararlos para que puedan tomar la mayor decisión de sus vidas, obedecer el Evangelio y servirle a Él. Esforcémonos a que ellos busquen a Dios desde pequeños, a que se interesen en servirle, agradarle, y agradecerle, a que lleguen a viejos caminando en tan maravilloso camino.

Amados hermanos y amigos, pensemos en nuestros hijos. Sin duda alguna, lo mejor que podemos darles en esta vida es la enseñanza a ser diligentes siervos de Dios, vivir una vida piadosa, de acuerdo con la voluntad del Padre, comprendiendo la importancia del Evangelio, y del presentarse a sí mismos como sacrificio vivo, santo, y agradable a Dios a través de su (y nuestra) obediencia a Su palabra. No nos conformemos con lo que el mundo ofrece, mas transformémonos en lo que Dios espera de nosotros (ver Romanos 12:1-2), y nos lo hace saber a través de la Biblia, Su palabra, esa guía inerrante hacia la vida eterna.

“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”

Proverbios 3:11-12.

Dios nos bendiga y a nuestros hogares todos los días de nuestras vidas.

Referencias

[1] https://dle.rae.es/mimado?m=form

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