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Rescatistas del Amor

El pasado 8 de diciembre, tuvimos la oportunidad y bendición de viajar a Boquete, Chiriquí para participar en el II Encuentro de Parejas, organizado por los hermanos en esta área. El título de este artículo es el mismo del tema que se me solicito presentar, basado en el texto de Cantares 6:1, “¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿A dónde se apartó tu amado, y lo buscaremos contigo?”

El libro Cantar de Cantares, también conocido como Cantar de Salomón no es muy popular en ser predicado. Muchas personas prefieren ignorarlo, y no es comúnmente estudiado debido al morbo que muchos han generado en torno a él. El hermano Wayne Jackson hermosamente lo define como, “El Cantar de Salomón celebra la alegría del amor conyugal; ilustra el valor del matrimonio para consolidar las relaciones entre hombre y mujer”.[1]

Hermanos y amigos lectores, es sabido a través de las escrituras que el Rey Salomón “compuso tres mil proverbios y sus cantares fueron mil cinco” (1 Reyes 4:32), y que “tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas” (1 Reyes 11:3), siendo estas la razón por la que su corazón se desvió.

El Cantar de Cantares, de los mil cinco que escribió, es el que el Espíritu Santo inspiro a formar parte de las escrituras. De las mil mujeres que Salomón tuvo por pareja, una es la dedicada en esta hermosa historia de amor, si, así como lo lees, el Cantar de Cantares es una hermosa historia de amor que necesita no solo ser contada y leída, sino también enseñada a todo matrimonio. Y ese, mis amados amigos, fue el enfoque de la exposición que este servidor tuvo la oportunidad de compartir con los hermanos en Boquete. Siete puntos fueron brevemente estudiados, en base al texto de Cantares, para identificar hacia donde vamos en esta búsqueda de “Los Rescatistas Del Amor”.

Comienzo.

Toda historia tiene un comienzo. Todos tenemos una historia que contar acerca de como conocimos al amor de nuestra vida. Todos tenemos la oportunidad de recordar esos momentos tan hermosos de cuando conocimos a nuestra ayuda idónea y de cuando se llevo a cabo la ceremonia que unió nuestras vidas para siempre. Salomón, en su juventud, nos cuenta esto en su Cantar, siendo así narrado por los protagonistas a través de los escritos en capítulos 1, 2, 3.

Comunicación.

Ninguna relación puede ser efectiva si no hay comunicación. Los amantes en este Cantar se comunican constantemente. Sus conversaciones los llevaban al punto de no dejar de pensar el uno en el otro. La amada soñaba con el día en que pudiese compartir su vida junto a su amado. Algunos inconvenientes no fueron obstáculo para que ellos continuaran su historia de amor. Hoy en día, quizás el problema principal en las parejas es la falta de comunicación. Amados amigos, dediquemos tiempo de nuestras apretadas agendas para comunicar con nuestros conyugues, el tiempo nos dará la razón de los grandes efectos que esta simple practica brinda a nuestras relaciones. Te invito a que prestes atención a la comunicación entre los amantes a través de los mismos capítulos leídos en el primer punto.

Compromiso.

Es hermoso ver como después de conocerse y comunicarse, los amantes deciden unir sus vidas hasta que la muerte los separe. Toda pareja ansía el día en que cada uno diga al otro “Sí”. Nuestras niñas sueñan con el día de sus bodas. Hermanos y amigos, debemos prestar atención a como el Rey Salomón cambia la forma de llamar a su amada a partir del versículo 4:8. Desde ese momento el ya no solo la ve como alguien a quien conoció, como su amada, o como su amiga, si no que comienza a llamarla esposa mía, hermana mía. Hermanos, es maravilloso el saber que la mujer con quien nos casamos es nuestra, de nadie más, esta reservada por el resto de sus vidas a nosotros, no como un objeto, si no como nuestra compañera ideal, nuestra ayuda idónea. El apóstol Pedro simplemente nos enseña que nuestras esposas son como el “vaso más frágil” (1 Pedro 3:7) que encontraremos en nuestras vidas, y como tales, debemos protegerlas siempre, Dios las puso en nuestras vidas para cuidarlas. El matrimonio, después de la Iglesia, es la institución más hermosa y preciada que Dios nos dio. Este escritor jamás se cansará de predicar como la palabra traducida como “unirá” en Mateo 19:5, lleva por significado el ser “pegados como con cemento”, “pegados como con goma”. Una vez que pegamos algo con estos materiales, es muy difícil separarlos, y de hacerlo, alguno de los dos elementos que fueron unidos es destruido o queda con daños severos. De allí que nuestro Salvador nos da tan clara explicación de porque el divorcio solo es válido después de confirmarse una infidelidad (fornicación), por que, ciertamente, este evento daña profundamente la confianza y emociones de la parte inocente hacia la culpable. La otra forma en que un matrimonio es separado está fuera de nuestro alcance, y esa es la muerte. Todo lo demás, tiene solución, y parte de esa solución es aplicar el punto 2 arriba mencionado.

Complicaciones.

Salomón, su sabiduría y la inspiración del Espíritu Santo nos enseñan como en toda historia de amor hay complicaciones. Cuando leemos Cantares 5:1-7, leemos como el rey se dispone a ir a su recamara en la madrugada, pero la encuentra cerrada, su mujer mientras duerme lo escucha, decide no abrirle, él se va, ella se arrepiente de no abrir, sale desesperada a buscarlo, pero no lo encuentra. Amados lectores, a pesar de que no se nos dan muchos más detalles, algunos podemos identificarnos con situaciones similares, y podemos hacernos las siguientes preguntas, ¿Por qué Salomón estaba fuera tan tarde (regresando en la madrugada)? ¿Por qué la puerta estaba cerrada? ¿Por qué ella no le quiso abrir? ¿Por qué ella sintió remordimiento de no abrir? La respuesta a todas estas preguntas es simple, en toda pareja hay discusiones y malentendidos, incluso en aquellas que no lo aparentan. El orgullo propio es la peor de las armas que podemos utilizar. En esta ocasión, la amada no solamente no abrió la puerta, busco excusas para no hacerlo, y una vez que reaccionó, su amado ya se había ido. Busco y busco y no encontró, porque no busco donde debía. Cuando dejamos que el enojo y orgullo actúen, no pensamos bien, trayendo más complicaciones que soluciones.

Comprensión.

Continuando con nuestro estudio, cuando leemos Cantares 5:8-16 vemos como la amada busca ayuda en sus amigas, las doncellas de Jerusalén. Les suplica que si lo encuentran le digan que está enferma de amor. Ella está desesperada, humillada (recordemos como la trataron los guardas de la ciudad), pero sobre todo se siente culpable por no haber atendido a su amado. Ellas le preguntan quien es su amado, como si no lo supieran, a lo que ella les da una descripción llena de elogios hacia su esposo, quien no solo es su amado, sino también su amigo. Sus amigas, se refieren a ella como “la más hermosa de todas las mujeres”. Algunas veces, pensamos que una persona que lo tiene todo, no necesita nada, y está llena de fortaleza, pero nos equivocamos. Todos tenemos necesidades, todos tenemos debilidades, todos necesitamos ser comprendidos. Ella necesitaba que la comprendieran y le ayudaran, había cometido un error muy grande hacia el amor de su vida, y no sabia como rectificarlo. Este escritor recuerda como varias veces escucho la ilustración acerca del hombre que visita al doctor porque está muy triste, y que el doctor, no encontrando nada malo en él, le recomienda que vaya al circo que visita la ciudad, donde el payaso saca una sonrisa a todo quien lo ve y escucha, sin embargo, este hombre no puede hacerlo porque él es el payaso. Habrá momentos en nuestra vida en pareja que serán difíciles, mas debemos comprender a nuestros conyugues, ver que esta pasando y apoyarles en encontrar la solución. A veces debemos simplemente callar y escuchar. Cuando algún amigo o amiga se acerca y se abre a nosotros para contarnos de problemas con su pareja, solamente seamos oidores, y comprendámoslos, antes de darles nuestra opinión.

Cómplices.

Toda historia de amor tiene cómplices, ya sea un amigo en común que ayudo a que los amantes se conocieran, un lugar de encuentro, una cita a ciegas hecha por un amigo. Las doncellas de Jerusalén son mencionadas desde el inicio de esta historia de amor, y son quienes hacen las preguntas que son parte de nuestro estudio, “¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿A dónde se apartó tu amado, y lo buscaremos contigo?” (Cantares 6:1). Muchas interpretaciones pueden hacerse al respecto, sin embargo, a través de lo estudiado en esta ocasión consideremos,

Ellas le preguntan “¿A dónde se ha ido?, ¿A dónde se apartó?” ¿Acaso ellas ignoran que ella salió a buscarle? Ellas le indican que irán con ella a buscarlo, lo que hace ver que ellas le conocen bien y saben que ella sabe dónde está su amado. Es probable que ella, por su sentimiento de culpa, siente temor de enfrentarse a él sola, y por ello busca de sus amigas, como cómplices, para darle el apoyo y valor de ir a hablar con él.

Hay muchos allí afuera, que, en lugar de ser nuestros cómplices en ayudarnos con nuestras parejas, lo que buscan es destruirnos. No gustan de ver lo que tenemos porque no lo tienen. En esta ocasión, las cómplices de la amada de Salomón, en lugar de seguirle la corriente en lo que ella quería hacer, le ayudan a abrir su mente y comprender lo que realmente debe hacer. Amigos así son los que necesitamos en la vida.

Compleción.

Toda historia de amor tiene, después de complicaciones, un momento de compleción. Los versículos de Cantares 6:2-3 nos dan ese momento. La amada, reconoce que si sabe donde esta su amado. Él esta en su huerto, en su jardín, ese lugar que le permite encontrar la paz, donde se relaja y medita. Hermanos y hermanas, después de la tormenta viene la calma. El texto en ningún momento sugiere que Salomón se haya ido molesto porque su mujer no le abrió. Muchas cosas pudieron haber ocurrido, quizás él no quiso molestarla porque estaba dormida y decidió irse. Quizás si se molestó, y en lugar de hacer una escena, decidió ir a su lugar de paz, para relajarse y dejar pasar ese momento. La amada hace una afirmación, que para muchos comentaristas y eruditos es el eje central de esta historia de amor, “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío”. Este debe ser el pensar de todo aquel que está casado. Dios claramente en su palabra, desde el inicio, nos dice que “serán una sola carne” (Génesis 2:24), Jesucristo lo reafirma en su defensa al matrimonio según Mateo 19, y el apóstol Pablo así lo refuerza (Efesios 5:31). La mujer fue creada para ser la compañera del hombre, no para ser su juguete, objeto, o inferior. Debemos ir lado a lado, uno del otro, complementándonos en nuestras metas de vivir nuestras vidas en Cristo, apoyándonos en hacer todo lo que debemos para ganar la corona de vida y llegar al cielo, donde podremos compartir con todos los santos que han obedecido y sido fieles a la voluntad de nuestro Padre celestial. Un matrimonio no está completo si Dios no está en él. El matrimonio, como un hermano una vez sugirió, no es una línea entre dos puntos. Es un triángulo, siendo el marido y la mujer dos esquinas, y la tercera esquina, la superior, es Dios. La Palabra de Dios es nuestra guía en todo, y en ese todo, sin lugar a duda, están incluidos nuestros matrimonios.

Conclusión.

Hermanos, para ser rescatistas se requiere de un siniestro o desastre. Dios no es ningún desastre, el apóstol Juan maravillosamente escribió,

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”

1 Juan 4:7-8.

Dios es amor, ninguno de nosotros tiene la potestad de rescatarlo, porque ciertamente Él no necesita rescate. Quienes si necesitan rescate son los amantes y sus matrimonios, y para ello debemos enfocarnos en ayudarles en sus comienzos, a comunicarse, a comprometerse, a enfrentar juntos las complicaciones que se presenten, a comprenderse, a ser cómplices el uno del otro, y así complementarse el uno al otro haciendo la misma afirmación que hizo la amada de Salomón, “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío”.

Hermanos, podemos ser rescatistas para nuestros amigos, pero principalmente, debemos ser rescatistas de nuestros propios matrimonios. ¿Quién prestará atención a nuestros consejos conyugales si nuestro matrimonio necesita ser rescatado? Deseo finalizar, tal como lo hice en esta actividad, con una breve dinámica que aprendí de mi amado hermano, Keith Mosher, Sr.

Leamos juntos el siguiente pasaje, substituyendo “el amor” por nuestro nombre propio,

                       es sufrido, es benigno;                      no tiene envidia,
                      no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”

1 Corintios 13:4-7.

Mi estimado hermano, ¿amas de esta manera a tu esposa? Mi estimada hermana, ¿amas de esta manera a tu esposo? Esta es la manera más simple en que Dios nos enseña como amar como Él. Comencemos por amar a nuestros conyugues de esta manera, y asi podemos ir creciendo en amar a los demás, y servir a Dios como Él nos lo ha mandado.

Es mi plegaria y deseo que todo matrimonio crezca de esta manera, amándose incondicionalmente, dedicándose el uno al otro, protegiéndose el uno al otro, disfrutándose el uno el otro. El amor es hermoso, Dios es hermoso. Muchos comentaristas concuerdan en decir que la última frase de Cantares 5:1 son palabras dichas por Dios a Salomón y su amada, “Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados”. Dios nos ha dado un hermoso festín, disponible solamente a través de la institución del matrimonio. El mundo nos enseña que participar del acto sexual puede ser practicado por cualquiera, pero el amor, pasión y hermosura de hacerlo dentro del matrimonio, es una bendición que Dios nos da.

Amado hermano y lector, ¿dónde está tu amada? Asimismo, te pregunto amada hermana y lectora, ¿dónde está tu amado? Búsquense, encuéntrese, disfrútense, y comiencen de nuevo.

¡Dios los bendiga!

Referencias

[1] Wayne Jackson, Making sense of the Bible, https://www.christiancourier.com/articles/1022-making-sense-of-the-bible

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