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Examine su afecto

Por Robert R. Taylor Jr., traducido y adaptado con permiso por Marlon Retana.

Tomado de la colección conmemorativa Selected Writings of Robert & Irene Taylor, compilada por la Memphis School of Preaching a partir de materiales donados por la familia Taylor. Esta colección puede adquirirse a través de la escuela y sus fondos apoyan la beca estudiantil en honor a los autores.
Expreso mi sincero agradecimiento a la familia Taylor por permitir la traducción y difusión pública de estos materiales.


El claro concepto para este artículo es tomado de 2 Corintios 13:5 donde leemos:

«Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?».

En una epístola anterior a Corinto, Pablo tenía otra exhortación de examen. Dice:

«Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa» (1 Corintios 11:28).

En el mundo educativo se dan exámenes regularmente para determinar qué tan bien los estudiantes están dominando el material y así darles sus calificaciones. En trece años de enseñanza en distintos niveles educativos, incluyendo secundaria y universidad, di muchos de tales exámenes a mis estudiantes. Eran una determinación importante de sus calificaciones.

En el cristianismo en Corinto, Pablo aconsejó a favor de un examen de fe y en la participación personal de la Cena del Señor.

La fe, la esperanza y el amor están vinculados en 1 Corintios 13:13. Este versículo cierra uno de los capítulos más cortos en 1 Corintios. Este capítulo es el gran capítulo del amor del Nuevo Testamento. En él vemos las marcas del amor, el valor del amor, el carácter del amor y la permanencia del amor. Los dones espirituales en 1 Corintios 12–14 eran temporales; la fe, la esperanza y el amor son permanentes.

Hebreos 11 es el gran capítulo de la fe en la Biblia y enfatiza su inmenso valor.

Este artículo se centrará principalmente en un examen de nuestro afecto. «Afecto» es un término elevado que se usa como sinónimo de amor — amor ágape y amor fileo. Ambos son abarcadores en cuanto al carácter de la palabra afecto

No debemos amar:

(1) El mal. En lo que ha sido llamado el Capítulo de Oro de la Biblia, Romanos 12, Pablo escribió clara y poderosamente: «Aborreced lo malo, seguid lo bueno» (Romanos 12:9). Amar el mal nos pone en el campamento lleno de Satanás con todos los que, por elección, aman el mal y aborrecen todo lo que es bueno y sano. Satanás es el mal personificado. Él y todos sus hijos van en una montaña rusa a gran velocidad rumbo a la Gehena eterna. Los pasajes de juicio en Mateo 25 y Apocalipsis 20 dejan eso claramente establecido.

(2) El mundo. El apóstol Juan presenta un cuadro de amar al mundo en 1 Juan 2:15. El amor mundano es «los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida» (1 Juan 2:16). El mundo pasa, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:17). Cualquiera que decide ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios (Santiago 4:4).

(3) Las obras de la carne. Pablo da una lista de estos pecados en Gálatas 5:19–21. Incluyen lo que el hombre hace en pensamientos, en palabras y en hechos. La puerta del cielo no está abierta para aquellos que andan en el camino de los deseos carnales.

(4) Error religioso. Las personas en tiempos bíblicos no debían amar ni servir a los ídolos ni todos los males ligados a tales. Las personas en la era del Nuevo Testamento no debían amar las doctrinas y mandamientos de hombres como los que enseñaban los fariseos, saduceos y los herodianos (Mateo 16:16; Marcos 12:13). En la parte final de la vida de Juan, él enfrentó de frente el surgimiento del movimiento gnóstico. Este aún persiste en algunos errores religiosos modernos. Ben M. Bogard, decano de los debatientes bautistas, afirmó en su debate de 1938 con el hermano N. B. Hardeman que él (Bogard) era perfecto en cuanto a su alma. Reconocía pecado en la carne, pero ninguno en el espíritu. Un pasaje en 2 Corintios 7:1 responde a esta falacia.

En mi juicio, hay más error religioso que cualquier generación pasada ha enfrentado. El error nunca debe ser aceptable para ningún cristiano fiel. El amor por la verdad no permitirá tal cosa.

Debemos amar:

(1) La Trinidad eterna — Dios el Padre, Jesús el Salvador y el Espíritu Santo. Esto es lo que se inculca en Mateo 22:36–38. Lucas 10:37 añade un precioso paralelo. Pablo escribió con firmeza: «El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene» (1 Corintios 16:22).

(2) Al prójimo como a uno mismo. Jesús expresó este mandamiento en Mateo 22:39 y Lucas 10:27. La parábola del buen samaritano describe quién es el prójimo (Lucas 10:30–37). Debemos poseer un amor saludable por nosotros mismos. Esta es la medida para nuestro amor por el prójimo. De estos dos mandamientos depende «toda la ley y los profetas» (Mateo 22:40).

(3) Amar a los hermanos como Cristo nos ha amado. Note el nuevo estándar. El libro de 1 Juan es un valioso manual sobre el amor fraternal. También lo son Hebreos 13:1 y 1 Pedro 1:22.

(4) Las almas de las personas. Esto es lo que la Gran Comisión claramente inculca (Mateo 28:18–20; Marcos 16:15–16 y Lucas 24:47). El alma de la mujer samaritana en el pozo de Jacob significó mucho más para Jesús que lo que sus discípulos pronto le traerían (Juan 4:32–34).

(5) La verdad, es decir, el glorioso evangelio de la Trinidad eterna. El amor y la verdad están estrechamente unidos en 2 Tesalonicenses 2:10–12. Ambos son vitales para nuestra salvación. La verdad debe ser aprendida, amada y vivida el resto de nuestros días.

(6) Debemos amar a nuestra familia.

Conclusión

Examinar nuestro afecto nos ayuda a hacer la santa voluntad de Dios. Esta es la prescripción del cielo para ser colocados a la diestra de Cristo en el día del juicio y recibir la recompensa final — vida eterna en el glorioso hogar del alma. Un gran mentor mío me dijo: «Sigue a Jesús; Él conoce el camino a la Nueva Jerusalén». Él me dijo esto hace más de 65 años y nunca he olvidado su apreciado consejo.

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