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Tomás Haughton: Una vida dedicada a enseñar y servir

Buena parte de la historia de la iglesia de Cristo en nuestros países permanece en la memoria de quienes la vivieron. Los nombres de muchos predicadores, maestros y hermanos que han dedicado décadas al servicio del Señor difícilmente aparecen en libros o archivos. Con el paso del tiempo, si esas historias no se documentan, detalles importantes pueden perderse.

Por ello, no deberíamos esperar a que nuestros hermanos ya no estén con nosotros para reconocer su labor y preservar la memoria de su servicio. La vida y obra de Tomás Haughton Ríos forman parte de esa historia que merece conservarse.

Nacido en Panamá el 1 de septiembre de 1945, Tomás estuvo relacionado desde joven con la institución que hoy conocemos como Escuela Bíblica de las Américas. La Escuela había comenzado sus labores el 14 de septiembre de 1965, en el edificio de la iglesia de Cristo en Balboa, Zona del Canal, bajo el nombre de Instituto Bíblico Panamericano.

Años después, al ser entrevistado por Agenor Rudas para preservar la historia de la institución, Tomás recordó que comenzó a visitar la Escuela desde 1966. Tenía entonces unos veinte años, y aquella relación, iniciada cuando la Escuela apenas comenzaba su historia, llegaría a extenderse durante varias décadas.

De estudiante a director

En 1978, Tomás ingresó formalmente como estudiante y completó sus estudios en 1979. Para entonces, la Escuela se encontraba en un período de transición hacia sus instalaciones en Río Abajo.

Al graduarse, fue invitado inmediatamente a incorporarse como maestro en 1980. Durante los años siguientes compartió labores con Julio Cruz, uno de los hombres estrechamente relacionados con la historia de la Escuela y con quien Tomás trabajó por muchos años.

En 1986, Tomás fue nombrado director de la institución, responsabilidad que desempeñó hasta 1995.

Durante aquellos años, la influencia de la Escuela se extendía mucho más allá de Panamá. Sus aulas recibían estudiantes procedentes de diferentes países latinoamericanos, quienes después de completar su preparación regresaban a sus lugares de origen o se trasladaban a otros campos para predicar, enseñar y servir a las congregaciones. De esta manera, los años de Tomás como maestro y director estuvieron relacionados con la preparación de obreros cuyo servicio alcanzaría diferentes lugares de América Latina.

Su período como director incluyó también momentos particularmente significativos para Panamá y para la propia Escuela. En diciembre de 1989, mientras Tomás ocupaba esa responsabilidad, Panamá atravesó la intervención militar estadounidense conocida como Operación Causa Justa, ocurrida en medio de la crisis política y las crecientes tensiones con el régimen de Manuel Antonio Noriega. La Escuela y sus estudiantes tuvieron que afrontar las dificultades propias de aquel período de conflicto.

Pocos años después ocurrió otra transición importante. Las condiciones de las instalaciones en Río Abajo hicieron necesario buscar un lugar más apropiado para los estudiantes. Finalmente se escogió un terreno en Ciudad Jardín, Las Mañanitas, y en 1993 comenzó a utilizarse la primera etapa del nuevo campus.

Tomás continuaba entonces como director. Entre quienes trabajaron junto a él se encontraban Julio Cruz y Agenor Rudas. Este último, muchos años después y ya como director de la Escuela, visitaría a Tomás en su casa para entrevistarlo y recopilar parte de la historia de la institución.

El recorrido resulta significativo: Tomás conoció la Escuela cuando esta apenas comenzaba su historia; después fue estudiante, maestro y director, y décadas más tarde se convirtió también en uno de los testigos consultados para preservar la memoria de aquella obra.

Una vida ligada a la enseñanza

Sin embargo, el servicio de Tomás nunca estuvo limitado a las aulas ni a la dirección de una institución.

Durante muchos años sirvió como predicador de la iglesia de Cristo en Torrijos Carter. Al menos desde el año 2000, cuando tuve la oportunidad de conocerlo, su compromiso con aquella congregación ya era evidente. Continuó sirviendo allí hasta 2020 y hablaba de aquellos hermanos con un sentido de responsabilidad que dejaba ver cuánto significaban para él.

Más que desde el púlpito, personalmente llegué a conocerlo como maestro de la Biblia. Esa es también una cualidad que muchos hermanos aprecian en él. Es un hombre reservado, serio y dispuesto a escuchar. A lo largo de los años he sido testigo de hermanos que acudían a él para consultar asuntos bíblicos o situaciones personales y encontraban tiempo para ser escuchados y recibir consejo.

Junto con su esposa, Nilka, mejor conocida como Nikki, ha mostrado esa disposición de servir durante muchos años. Aun antes de ser cristiano, recuerdo las incontables ocasiones en que vi a hermanos visitarlos para pedir consejo o conversar sobre diferentes situaciones. Sin importar que aquello requiriera parte de su tiempo personal, siempre los vi dispuestos a atenderlos.

Esa disposición para enseñar también la experimenté personalmente.

Cuando todavía no era cristiano, Tomás nunca trató de forzarme a obedecer el evangelio, aunque siempre me recordó con seriedad la importancia de hacerlo. Cuando finalmente tomé la decisión de ser bautizado, el 13 de febrero de 2011, fui yo quien le pidió que me bautizara. Para este servidor era un honor que mi suegro fuera también quien me bautizara en Cristo.

Años después, cuando decidí prepararme para predicar e ingresar a Memphis School of Preaching, Tomás dedicó tiempo a darme algunas lecciones antes de comenzar mis estudios. Desde entonces hemos compartido el púlpito, y nunca ha faltado el consejo, la recomendación o la corrección propia de quien ha dedicado tantos años de su vida a enseñar.

Por ello, además de ser mi suegro, doy gracias a Dios por la bendición de considerarlo mi padre en la fe y, sobre todo, mi hermano en Cristo.

Servir donde se necesita

Cuando comenzó la congregación en Las Villas de Arraiján, deseaba que Tomás pudiera involucrarse más directamente con nosotros. Sin embargo, él mismo me recordaba el compromiso que tenía con «sus muchachos» en Torrijos Carter.

Cuando posteriormente tomamos la decisión de dedicarnos por completo a la labor de la Escuela Bíblica en Línea y ya no podía continuar atendiendo las mismas responsabilidades congregacionales, Tomás manifestó su disposición de hacer cuanto estuviera a su alcance para ayudar a mantener la obra en Las Villas.

Aquella transición coincidió con las dificultades provocadas por la pandemia de 2020 y con cambios importantes en las circunstancias de la congregación. A pesar de las limitaciones y de no contar necesariamente con las mismas condiciones o ubicación física de años anteriores, la congregación ha continuado activa hasta el presente.

Para Tomás era una etapa diferente de aquella en la que había dirigido una escuela de predicadores, pero la disposición era la misma: servir donde existía una necesidad.

Una historia que merece conservarse

Al observar la trayectoria de Tomás Haughton aparecen diferentes responsabilidades: estudiante, predicador, maestro y director. Sin embargo, detrás de esos títulos existe un hilo común: su dedicación a enseñar y servir.

Desde 1980 enseñó a hombres que se preparaban para predicar. Como director, tuvo bajo su responsabilidad una institución que recibía estudiantes de diferentes países con el propósito de prepararlos para llevar el evangelio a otros lugares. Durante décadas enseñó y sirvió en congregaciones. Y aun fuera de un salón de clases, hermanos han continuado buscando su consejo y orientación.

Pablo escribió a Timoteo: «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2 Timoteo 2:2, RVR1960).

La historia de la iglesia no está formada solamente por acontecimientos y fechas. También está formada por hombres y mujeres que, muchas veces lejos de la atención pública, han dedicado años a enseñar, servir y ayudar a otros a permanecer fieles al Señor.

Mientras tenemos la oportunidad de escuchar sus recuerdos, verificar los hechos y expresarles nuestro aprecio, vale la pena preservar esas historias para quienes vendrán después.

La de Tomás Haughton es una de ellas. Y, en lo personal, doy gracias a Dios porque no solamente puedo conocer y contar parte de su historia, sino también compartir con él algo mucho más importante: la bendición de pertenecer juntos a la familia de Dios.

Nota del autor: Algunos de los datos históricos y cronológicos relacionados con la Escuela Bíblica de las Américas fueron recopilados a partir de la serie de artículos sobre la historia de la institución preparada por Agenor Rudas, actual director de la Escuela, quien para dicha investigación consultó documentos, cartas, fotografías y testimonios de personas vinculadas con su historia, incluyendo una entrevista personal con Tomás Haughton. Agradezco al hermano Agenor su labor de preservar y compartir esta valiosa información.

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