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Un Día Difícil

“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello”

Proverbios 1:8-9.

Hace casi tres meses, Sonia Venegas, mi madre, tuvo una cirugía de corazón conforme a la petición de su médico. Le diagnosticaron diabetes hace varios años, y se tornó en neuropatía unos años más tarde. Todos sabíamos que esta cirugía sería muy difícil y que podría tener algunas complicaciones, pero ella confió en su médico, y el procedimiento se hizo. Hoy, murió alrededor de las 2:15am. Tenía 57 años.

La parte más difícil para una persona que deja su país es estar lejos de sus seres queridos. Mi relación con mi madre no era la mejor de las relaciones, pero la amaba, y sé lo mucho que ella me amaba. Ella fue criada católica, y murió católica. Casi toda mi familia en Costa Rica es católica. Ella tuvo fuertes convicciones sobre su religión y a veces estuvo de acuerdo con lo que yo enseñó o predicó, pero siempre mantuvo su posición. Ella respeto mi decisión de ser Cristiano y dedicar mi vida a predicar el Evangelio. Yo respeté su decisión de permanecer católica. Escribir todo esto es muy doloroso para mí, pero necesito hacerlo.

La amaba, y ciertamente la extrañaré. Hace casi dos meses, pudimos visitarla en Costa Rica. Me dijeron que ella no podría sobrevivir la noche que viajábamos allá. Pero lo hizo. Los doctores dijeron que la mayoría de las personas no sobreviven a lo que se hizo la noche anterior, pero lo hizo. Pudimos visitarla, hablar con ella, y al día siguiente, nuestro último día en Costa Rica, me concedieron la oportunidad de estar con ella, de abrazarla, de besarla, de darle de comer. Yo sabía que podría ser la última vez que la viera con vida, sabía que era una despedida. De hecho, lo fue. Era una mujer valiente, muy valiente. Como ya he dicho, tuvimos algunos conflictos y algunos de ellos eran muy difíciles, pero yo la amaba, y sé que ella me amaba.

Hace menos de dos semanas, tuvo convulsiones que afectaron mucho su cerebro. Los doctores decidieron colocarla en un coma inducido durante tres días. Ayer estaba luchando con neumonía. Luchó duro, realmente lo intentó. No me puedo imaginar lo difícil que fue para mis hermanas verla de esa manera. Estoy agradecido por mis hermanas, estaban allí cuando ella las necesitó, y ella estuvo allí todo el tiempo que ellas la necesitaban. Estaban recibiendo clases sobre cómo cuidar de ella ante la posibilidad de que pudiera volver a casa. Yo no tuve esa oportunidad, y la extraño mucho. Ella amaba a Jonathan, mi hijo, con el mismo amor que amaba a todos sus nietos, sin importar la distancia, cuando ella estaba con él, ella le hizo saber lo mucho que lo amaba.

Sé que varios de mis parientes podrían estar comentando sobre lo mal hijo que soy, porque salí de Costa Rica, y viví como un “chico rico” (según ellos) en Panamá. Lo que tengo es el resultado del trabajo duro y las bendiciones de Dios, pero no soy un “chico rico”. Yo no podía costear el enviar dinero a ella, pero, cada vez que visité Costa Rica hice todo lo posible para darle lo mejor que pude, y no sólo a ella, sino a toda la familia. Cuando vino a visitarnos, hice todo lo posible para darle lo mejor también. Yo no quería que se fuera, pero ella estaba extrañando a mis hermanas, a mis sobrinos y sobrinas, y regresó a Costa Rica. Lo entendí, y la dejé ir.

Hoy es un día difícil. Sé que esta vez, ella partió para siempre. La extraño, más de lo que las palabras pueden describir. Incluso durante nuestras dificultades, ella estaba allí para nosotros. Durante esa última visita, me pidió que fuera a su casa, para ver sus hermosas plantas, sus gallinas, y por supuesto, sus nietos y nietas. No pude ver las gallinas, estaba oscuro cuando llegamos allí. Días después, vi un video de las gallinas y escuché las voces de sus nietos regocijándose en cuidarlas.

Ciertamente, se le extrañará mucho. Ella ayudó a tantos como pudo. Era una mujer hermosa. Tenía un corazón enorme. Ella estaba muy orgullosa de todos sus hijos. Ella nos amaba. Ella luchó duro para estar de vuelta en casa, para estar con sus hijas, con sus nietos y nietas, con sus plantas y gallinas. Luchó mucho para poder vernos de nuevo. Fue una buena luchadora. Fue valiente. Ella nos enseñó a serlo igualmente.

Mis oraciones están con mis hermanas, mi padre, y toda la familia.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación”

2 Corintios 1:3-5.

¡Ya te extraño y siempre te extrañaré, mami!

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