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Humanismo Secular y Evolución

Por Caleb Colley, traducido con permiso por Marlon Retana.
El artículo original, en inglés, se encuentra en este enlace.


El Diccionario Ilustrado de Oxford define el humanismo como “un sistema de pensamiento relacionado con asuntos humanos en lugar de asuntos divinos o sobrenaturales”, y secular como “relacionado con los asuntos de este mundo; no espiritual ni sagrado … no relacionado con la religión ni la creencia religiosa” (2003, pp. 397, 744). El propósito declarado del humanismo secular es “proporcionar objetivos sociales adecuados y satisfacciones personales” (Prefacio, Humanist Manifesto I, 1933). Webber confirmó: “Una de las características especiales del humanismo secular es su fervor evangelístico por el ateísmo” (1982, p.37). El humanismo secular, entonces, es una teoría de la ética y la realización humana desprovista de espiritualidad, lo sobrenatural o Dios. El hombre se convierte en la medida de todas las cosas.

En Lucas 24:49, Jesús prometió que los apóstoles serían “investidos de poder desde lo alto”, es decir, recibirían el don milagroso del Espíritu Santo (ver Hechos 2:1-4, Joel 2:28). Esto implica la existencia de un poder más grande que la humanidad, un poder capaz de otorgar poder sobre los humanos e incluso organizar los eventos humanos. Por supuesto, la Biblia identifica este “poder en lo alto” como el único Creador eterno, omnipotente del Universo-Dios (ver Colley, 2004a, Colley, 2004b).

La sola idea de tal poder milagroso es antitética al humanismo secular. De acuerdo con el humanismo secular, no hay un “poder de lo alto” identificable, al menos ningún poder relevante para la humanidad. Los artículos primero y segundo del primer Manifiesto Humanista hacen estos puntos claramente: “PRIMERO: Los humanistas religiosos entienden el universo como auto existente y no creado. SEGUNDO: El humanismo cree que el hombre es una parte de la naturaleza y que ha surgido como resultado de un proceso continuo” (1933, véase Romanos 1:25-28). Los autores de la Declaración Humanista Secular argumentan además que la teoría evolucionista está “respaldada de manera impresionante por los hallazgos de muchas ciencias” (1980).

El Manifiesto Humanista II hace el argumento sin rodeos: “Como no teístas, comenzamos con los humanos, no con Dios, la naturaleza, no la deidad … los humanos son responsables de lo que somos o llegaremos a ser. Ninguna deidad nos salvará; debemos salvarnos a nosotros mismos” (Sección 1, 1973). Luego, “Como en 1933 (la fecha de publicación del primer Manifiesto – CC), los humanistas todavía creen que el teísmo tradicional, especialmente la fe en el Dios que escucha la oración, que supuestamente ama y cuida a las personas … no está probada y es fe pasada de moda” (Prefacio, 1973).

La progresión de los humanistas seculares conduce directamente desde una negación de Dios a una afirmación de la evolución naturalista. La creación especial de Dios y la evolución aleatoria sin una guía divina son las dos únicas versiones posibles de los orígenes humanos (Thompson, 2004, pp. 1-4). Y si bien existen ciertas diferencias entre varias bandas de humanistas no cristianos, prácticamente todos los humanistas seculares están del lado del darwinismo (Geisler, 1999, pp. 337-338). De acuerdo con este enfoque, no hay una buena razón para que exista otra religión que no sea el humanismo, y el “salvacionismo” es peligroso (Prefacio, Humanist…, 1973). De hecho, los humanistas seculares se dan cuenta que la religión representa una amenaza para la propagación de la teoría de la evolución:

Hoy la teoría de la evolución está de nuevo bajo el fuerte ataque de los fundamentalistas religiosos … Puede haber algunas diferencias significativas entre los científicos con respecto a la mecánica de la evolución; sin embargo, la evolución de la especie está respaldada tan fuertemente por el peso de la evidencia que es difícil rechazarla. En consecuencia, deploramos los esfuerzos de los fundamentalistas (especialmente en los Estados Unidos) para invadir las aulas de ciencias, lo que exige que la teoría creacionista se enseñe a los estudiantes y requiera que se incluya en los libros de texto de biología. Esta es una amenaza seria tanto para la libertad académica como para la integridad del proceso educativo. Creemos que los creacionistas seguramente deberían tener la libertad de expresar su punto de vista en la sociedad. Además, no negamos el valor de examinar las teorías de la creación en los cursos educativos sobre religión y la historia de las ideas; pero es una farsa para enmascarar un artículo de fe religiosa como una verdad científica y para infligir esa doctrina en el currículum científico. Si tiene éxito, los creacionistas pueden socavar seriamente la credibilidad de la ciencia misma (A Secular …, 1980, Sección 9, nota entre paréntesis aparece en el original).

El humanista secular estaría de acuerdo con el difunto eminente evolucionista de Harvard, George Gaylord Simpson: “El hombre es el resultado de un proceso sin sentido y natural que no lo tenía en mente. Él no fue planeado. Él es un estado de la materia, una forma de vida, una especie de animal, y una especie de la Orden Primates, similar casi o remotamente a toda la vida y en realidad de todo lo que es material” (1967, p. 345). Sin embargo, el humanista secular reconoce las habilidades especiales del hombre que lo diferencian de la vida animal (para una descripción general de estas habilidades, ver Harrub y Thompson, 2003, pp. VIII-IX).

La posición humanista es contradictoria en el sentido que propone exaltar el valor y el significado de la humanidad, al tiempo que promueve una teoría que debilita el valor inherente de la humanidad. Como los humanistas seculares insisten en que la humanidad desciende de la vida animal a través de la evolución, imparten, aunque involuntariamente, el concepto de que los humanos no tienen un valor final más apreciable que los animales. Considere las palabras del psiquiatra de renombre internacional Viktor E. Frankl, testigo de numerosos horrores en los campos de concentración nazis:

Bajo la influencia de un mundo que ya no reconocía el valor de la vida humana y la dignidad humana, que le había robado al hombre su voluntad y lo había convertido en un objeto para ser exterminado (habiendo planeado, sin embargo, hacer un uso completo de él primero, para la última onza de sus recursos físicos), bajo esta influencia, el ego personal finalmente sufrió una pérdida de valores. Si el hombre en el campo de concentración no luchó contra esto en un último esfuerzo para salvar su autoestima, perdió la sensación de ser un individuo, un ser con mente, con libertad interior y valor personal. Pensó en sí mismo entonces como solo una parte de una enorme masa de personas; su existencia descendió al nivel de la vida animal (1984, p.70, énfasis añadido).

El humanismo secular, lógicamente, está condenado a llegar a la infeliz conclusión de que, debido a su vínculo inquebrantable con el darwinismo, garantiza el fracaso en el cumplimiento de su propósito declarado.

¿Cumple El Humanismo Secular Con Sus Propios Estándares?

Primero, considere si la evolución proporciona bases filosóficas para objetivos sociales adecuados. Un objetivo social es aquel que, si se lleva a cabo, beneficiará a un grupo de personas. El único objetivo social de la evolución es más evolución: que la especie pueda continuar mejorando. Los evolucionistas no pueden imponer lógicamente ningún otro objetivo social porque la evolución se beneficia únicamente por el tiempo y el azar, ninguno de los cuales está sujeto a la influencia humana. No tiene sentido hablar de crear tiempo o azar, y así mismo es de ridículo hablar de personas que controlan su propio ritmo de evolución.

Al humanista secular se le pueden permitir solo los objetivos que son inherentes a la naturaleza misma, ya que él mismo afirma que el hombre es meramente una parte de la naturaleza y el producto de la evolución. Entonces, ¿qué pasa con los propósitos “sociales” de varias criaturas en el reino animal? Seguramente incluso el darwinista más estridente se negaría a normalizar o universalizar los “objetivos sociales” de, digamos, el león. La responsabilidad social no es una fuerza leonina. El león no tiene mejores objetivos sociales que matar y comer a otros animales (incluso personas) cuando tiene hambre. Simplemente actúa de acuerdo con sus “genes egoístas”, que le dicen que tiene hambre. El león hambriento no siente ninguna otra obligación ética o moral con objetivos sociales mayores. Para un darwinista, la realidad social es que “las plantas y los animales se aprovechan unos de otros para sobrevivir”, y los humanos no tienen motivos para establecer un nivel de vida más elevado (véase Ridenour, 2001, p. 170).

Los humanistas seculares “visualizan que los valores y la moral tienen una base en lo que nos hace humanos” (aparte de nuestro yo espiritual, por supuesto, Major, 1999b). Sin embargo, los estudios en genética no han producido evidencia de ningún código moral dentro de los genes humanos o animales (1999b). Hay un sentido de urgencia en los llamamientos de los humanistas seculares porque quieren poner fin a la ética judeocristiana y a cualquier otra influencia religiosa en la sociedad (1999b, para una mayor consideración de la evolución y la ética, véase Major, 1999a). Sin ningún fundamento ético en genética humana, el humanista ateo se queda sin ninguna base para objetivos sociales adecuados.

A continuación, debemos preguntar si la evolución le permite al humanista secular adquirir satisfacción o realización personal. El humanista secular insiste en que un hombre debe alcanzar su pleno potencial humano mediante la autorrealización a fin de lograr la máxima satisfacción personal. Existen muchas teorías diversas sobre el camino hacia la realización humana, y es imposible probar científicamente si un plan es mejor que otros. Sin embargo, podemos evaluar objetivamente qué tan bien considera un enfoque particular y explica las circunstancias, y cuánto entendimiento y esperanza ofrece.

Los humanistas seculares afirman que el conocimiento viene a través de la razón con la experimentación científica (nunca a través de la revelación divina). “La premisa en este enfoque es que nosotros, como seres humanos, tenemos el control de todo el proceso de obtención de conocimiento” (Goldsworthy, 1991, p.38). Esta es la “razón autónoma”, que busca entender el mundo aparte de un Creador. La Declaración de 1980 alentó a sus lectores a resistir “esfuerzos irreflexivos para limitar los avances tecnológicos o científicos” (Sección 8). Pero la ciencia y la razón, por sí solas, no satisfacen a la humanidad. Considere las palabras de Ridenour: “El Manifiesto II afirma con confianza que la bondad del hombre lo guiará en el uso de la tecnología para el bien de la humanidad al evitar cuidadosamente los cambios dañinos y destructivos. Pero, una vez más, el humanista se enfrenta al problema de quién debe determinar qué es realmente bueno para la humanidad” (2001, p.194).

Este problema se debe al naturalismo. “Lo que gobierna lo ‘razonable’ en el pensamiento humanista no es la idea de que ahora lo sabemos todo, sino la suposición de que la ganancia de conocimiento del hombre es completamente independiente de cualquier ayuda externa o sobrenatural. El único mundo que es conocido es el mundo natural que está abierto a nuestros sentidos” (Goldsworthy, pp. 38-39). Debido al aborrecimiento del humanismo secular al apego sobrenatural y consecuente a la evolución naturalista, es inadecuado para satisfacernos; no ofrece nada fuera del ámbito de la experiencia humana natural para dar sentido a la vida. El humanismo secular no nos da ninguna esperanza de comprender o contextualizar los entrecruzados, a menudo desconcertantes, de los acontecimientos que obligan a las vidas humanas a tomar diversas direcciones. Así como la teoría de la evolución deja al biólogo con más preguntas confusas que respuestas reconfortantes, el humanismo secular deja al individuo sin fundamento para comprender su existencia, propósito, futuro y realización. Por lo tanto, el investigador sincero debería buscar otra solución.

Una Mejor Solución

Hemos demostrado que el humanismo secular, al evocar necesariamente la evolución naturalista, está en guerra consigo mismo. El Cristianismo, en contraste con el humanismo secular, es completamente consistente consigo mismo y con la experiencia humana. Si bien existen formas no teístas de humanismo Cristiano (ver “Welcome to…”, 2006), podemos etiquetar como “humanista Cristiano” al seguidor de Cristo que cree que una relación con Dios es el único medio para la realización humana auténtica. Al creer así, el Cristiano otorga un gran valor a la humanidad (tanto física como espiritual), porque Dios lo hace (Génesis 1:26ss, Mateo 16:26, ver Harrub, 2002). El Cristianismo nunca abarata el valor de la humanidad.

Como McDowell declaró: “A veces el humanismo se define como el estudio del valor y la dignidad del hombre, ya que tal valor le es dado por Dios … [Nosotros] debemos tener cuidado de no construir un caso falso sobre todos los usos de la palabra humanismo y luego intentar refutar ese caso falso” (1993, pp. 316-317). O, como lo expresaron Packer y Howard: “… el Cristianismo es el verdadero humanismo, ya que tiene como propósito la formación, la liberación y la exaltación de nuestra verdadera humanidad. La historia Cristiana es normalmente dicha acerca de la salvación del pecado. Pero eso no significa nada diferente de lo que estamos diciendo, ya que es el pecado lo que deshumaniza, y es solo en la matriz de la santidad que la humanidad auténtica toma forma” (1985, p.52). No es necesario buscar más allá del trágico tercer capítulo de Génesis para ver la precisión de esta evaluación.

En Jesús, vemos la gloria de la humanidad en su máximo potencial. Nuevamente, de Packer y Howard: “Moral y espiritualmente, intelectual y experiencialmente, motivacional y relacionalmente, el Hijo de Dios encarnado se presenta ante nosotros como el hombre perfecto, el ser totalmente humano que la historia conoce” (p.53). De hecho, el humanista Cristiano y el humanista secular comparten el deseo de que la humanidad se cumpla, pero difieren en cuanto al camino hacia la realización y cómo definir el “cumplimiento”, es decir, la unidad espiritual con Dios versus la gratificación física y carnal. El humanista Cristiano cree que las claves para comprender la existencia y el papel de la humanidad en el mundo se encuentran en la Biblia. Él cree en la eficacia de la Biblia debido a la poderosa evidencia de sus orígenes sobrenaturales («The Inspiration …«, 2001). La Biblia revela información específica acerca del Dios que se ha revelado a sí mismo de manera limitada a través de Su creación natural (Salmo 19:1, Romanos 1:20-21).

A pesar de la predicción de los humanistas seculares de que el siglo XXI “puede y debe ser el siglo humanista” (Humanist…, Prefacio, 1973), hay un reconocimiento creciente de que el humanismo secular está desprovisto de esperanza de eternidad y realización durante la vida física. Sin embargo, dos cosas innegablemente son ciertas: primero, que “el choque de sistemas entre el Cristianismo y el humanismo secular está creciendo” (Webber, 1982, p.55), y segundo, que el Evangelio de Cristo todavía tiene la mejor respuesta a los problemas del hombre: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).


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