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¿Resucitó Jesús “el” o “después del” Tercer Día?

Por Eric Lyons, M. Min., traducido con permiso por Marlon Retana.
El artículo original, en inglés, se encuentra en este enlace


La referencia más frecuente a la resurrección de Jesús revela que Él se levantó de la tumba en el tercer día de Su sepultura. Mateo, Marcos y Lucas registran que Jesús profetizó que se levantaría de la tumba en este día (Mateo 17:23; Marcos 9:31; Lucas 9:22). El apóstol Pablo escribió en su primera epístola a los Corintios que Jesús se levantó de la tumba “al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:4). Lo que es más, mientras predicaba a Cornelio y su casa, Pedro enseñó que Dios levantó a Jesús “al tercer día” (Hechos 10:40, énfasis añadido). Sin embargo, el hecho es que Jesús también enseñó (y Marcos registró) “que el Hijo del Hombre” sería “muerto” y resucitado “después de tres días” (Marcos 8:31, énfasis añadido). Además, Jesús en otro lugar profetizó que estaría en el corazón de la Tierra por “tres días y tres noches” (Mateo 12:40). Entonces, ¿de cuál se trata? ¿Resucitó Jesús de entre los muertos en el tercer día o después de tres días?

Mientras que para el lector del Siglo XXI estas declaraciones pueden parecer inicialmente contradictorias entre sí, en realidad, armonizan perfectamente si uno entiende los diferentes, y a veces más liberales, métodos antiguos utilizados a menudo en relación con el cálculo del tiempo. En el primer siglo, cualquier parte de un día podía calcularse como todo el día y la noche siguiente (ver Lightfoot, 1979, pp. 210-211). El Talmud de Jerusalén cita al rabino Eleazar ben Azariah, que vivió alrededor del año 100 d.C., diciendo: “Un día y una noche son un Onah [‘una porción de tiempo’] y la porción de un Onah es como la totalidad de ella” (de Jerusalén Talmud: Shabbath ix.3, como se cita en Hoehner, 1974, pp. 248-249, comentario entre corchetes en el original). Azariah indicó que una parte de un período de 24 horas podría considerarse igual “a su totalidad”. Por lo tanto, tan torpe como puede parecerle a un ciudadano que vive en el Siglo XXI, una persona en la antigüedad podía legítimamente hablar de algo que ocurre “al tercer día”, “después de tres días”, o después de “tres días y tres noches” y aun así referirse al mismo día exacto.

Las Escrituras contienen varios ejemplos que muestran claramente que en los tiempos bíblicos una parte de un día a menudo era equivalente a todo el día.

  • Según Génesis 7:12, la lluvia del Diluvio de Noé cayó sobre la tierra “cuarenta días y cuarenta noches”. El versículo 17 de ese mismo capítulo dice que estuvo sobre la tierra por “cuarenta días”. ¿Quién diría que tenía que llover precisamente 960 horas (40 días x 24 horas) para que ambas afirmaciones fueran ciertas?
  • En Génesis 42:17, José encarceló a sus hermanos por tres días. Luego, de acuerdo con el versículo 18, les habló al tercer día y les liberó (es decir, a todos menos uno).
  • En 1 Samuel 30:12-13, las frases “tres días y tres noches” y “tres días” se usan indistintamente.
  • Cuando la reina Ester estaba a punto de arriesgar su vida al presentarse ante el rey sin ser invitada, instruyó a sus compañeros judíos que siguieran su ejemplo y no comieran “en tres días, noche y día” (Ester 4:16). El texto continúa y nos dice que Ester fue a ver al rey “al tercer día” (5:1, énfasis añadido.).
  • Quizás el pasaje más convincente del Antiguo Testamento que testifica claramente que los antiguos (al menos ocasionalmente) consideraban una porción de un período de veinticuatro horas “como su totalidad” se encuentra en 2 Crónicas 10. Cuando Israel le pidió al rey Roboam que aliviara sus cargas, este quiso tiempo para considerar su solicitud, por lo que instruyó a Jeroboam y al pueblo de Israel a regresar “de aquí a tres días” (2 Crónicas 10:5, énfasis añadido). El versículo 12, sin embargo, indica que Jeroboam y el pueblo de Israel fueron a Roboam “al tercer día, según el rey les había mandado diciendo: Volved a mí de aquí a tres días” (énfasis añadido). Es fascinante, ¿cierto?, que aunque Roboam instruyó a su pueblo a regresar “de aquí a tres días,” estos entendieron que esto significa ‘al tercer día’.
  • De Hechos 10, podemos obtener más información sobre la antigua práctica de contar días consecutivos (en parte o en su totalidad) como días completos. Lucas registró cómo un ángel se le apareció a Cornelio “como a la hora novena del día” (aproximadamente a las 3:00 pm; Hechos 10:3). “Al día siguiente” (10: 9) Pedro recibió una visión de Dios y recibió a los visitantes enviados por Cornelio. “Al día siguiente” (10:23) Pedro y los siervos de Cornelio partieron hacia Cesarea. “Al otro día entraron en Cesarea”, donde Pedro enseñó el Evangelio a Cornelio y a su casa (10:24). En un momento de la visita de Pedro, Cornelio habló sobre su encuentro con el ángel de Dios. Observa con atención cómo comenzó el ensayo del evento. Dijo: “Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena…” (10:30, énfasis añadido). Aunque el evento en realidad había ocurrido solo 72 horas (o tres días literales) antes, Cornelio dijo que tuvo lugar “hace cuatro días”. ¿Por qué cuatro días en lugar de tres? Porque de acuerdo con el método del primer siglo para calcular el tiempo, una parte del primer día y una parte del cuarto día podrían contarse como días completos. Seguramente uno puede ver cómo esta información se alinea perfectamente con la sepultura de Jesús que tuvo lugar el viernes y su resurrección el domingo. Una parte del viernes, todo el sábado y una parte del domingo se considerarían tres días en la antigüedad, no uno o dos.

Aunque en los tiempos modernos algunos pueden encontrar este razonamiento algo confuso, en la actualidad se utilizan con frecuencia expresiones idiomáticas similares. Por ejemplo, consideramos un juego de béisbol que termina después de completar solo 8½ entradas como un “juego de 9 entradas”. Y a pesar de que el lanzador perdedor en el equipo visitante sólo lanzó 8 entradas (y no 9 entradas como el lanzador ganador del equipo local), se dice que ha lanzado por un juego completo. Considera también al huésped de un hotel que se registra a las 8:30 pm el miércoles y sale a las 5:30 pm el jueves, menos de 24 horas después. ¿Se quedó el hombre uno o dos días en el hotel? Técnicamente, el huésped estuvo allí por menos de un día completo (período de 24 horas), sin embargo, el hotel legalmente puede cobrarle por dos días ya que no se fue antes de la hora de salida obligatoria (11:00 am). Teniendo en cuenta lo flexibles que somos en la medición del tiempo, según el contexto, tal vez no debería sorprendernos lo liberales que pudieron ser los antiguos al calcular el tiempo.

Más evidencia que prueba que las declaraciones de Jesús con respecto a su sepultura no eran contradictorias giran en torno al hecho de que incluso sus enemigos no le acusaron de contradecirse a sí mismo. Sin duda, esto se debió a su familiaridad y uso del método flexible y habitual de indicar el tiempo. De hecho, los principales sacerdotes y los fariseos incluso le dijeron a Pilato el día después de que Jesús fue crucificado: “… Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día…” (Mateo 27: 63-64, énfasis añadido). La frase “después de tres días” debe haber sido equivalente a “el tercer día”, de lo contrario, seguramente los fariseos habrían pedido una guardia de soldados hasta el cuarto día. Es interesante, ¿no es así?, que los escépticos modernos acusen a Jesús de contradecirse a sí mismo, pero no a los fariseos hipercríticos de su época.

Las expresiones idiomáticas que Jesús y los escritores de la Biblia emplearon para indicar cuánto tiempo permanecería Jesús en la tumba no significan que estuvo sepultado literalmente durante 72 horas. Si interpretamos el relato de la crucifixión, la sepultura, y la resurrección de Jesús a la luz del entorno cultural del primer siglo, y no de acuerdo con la (mala) comprensión actual de los escépticos, no encontramos errores en ninguna de las expresiones que Jesús y los escritores de los evangelios usaron.

Referencias

Hoehner, Harold W (1974), “Chronological Aspects of the Life of Christ—Part IV: The Day of Christ’s Crucifixion,” Bibliotheca Sacra, 131:241-264, Julio.

Lightfoot, John (reimpresión de 1979), A Commentary on the New Testament from the Talmud and Hebraica (Grand Rapids, MI: Baker).

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