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Hablando Claro Sobre La Disciplina En La Iglesia

Mucho se ha hablado sobre la “disciplina” y la práctica de esta en las iglesias del Señor, pero ¿Quiénes la están aplicando bien? ¿Quiénes simplemente demuestran un enfado hacia un hermano en lugar de buscar una restauración de este? ¿Quiénes han pasado por encima del proceso designado por Dios? Cuán fácil sería practicar la corrección disciplinaria con tan solo decir “el hermano X es un falso maestro, apártense de él”, sin embargo, nuestro Padre celestial sabe bien lo que la importancia de un buen nombre, de una buena reputación, es, y por ello, en Su Palabra, nos enseña sobre este tema tan importante.

¿Qué Es Disciplina?

Disciplina, en nuestro idioma español, simplemente significa “doctrina, instrucción”, es decir, se trata de una enseñanza. También es definida como “observancia de leyes y ordenamientos” y bajo este concepto es que trata el tema en estudio, ya que, precisamente, la palabra griega paideía es utilizada seis veces en el Nuevo Testamento, siendo en cinco de ellas traducida como “disciplina”, y en una ocasión, “instruir”, tal como leemos en 2 Timoteo 3:16. Si bien suele usarse bajo la idea de enseñanza o instrucción, en la carta a los Hebreos es usada en relación a corrección o castigo, a esa observancia y obediencia a leyes, tal como leeremos a continuación.

“Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado [todo énfasis añadido, MR]”

Hebreos 12:3-13.

La otra palabra griega que ha sido traducida como disciplina en este pasaje es la forma verbal, paideúo, la cual aparece 13 veces en el Nuevo Testamento, y que además de conllevar la idea de capacitar o enseñar, también lo hace de “castigar o reprender con palabras, corregir”. El escritor a los Hebreos, en las líneas anteriores, nos hace ver la importancia y necesidad de la corrección disciplinaria que debe ser practicada en algunos casos en la iglesia del Señor. Nuestra pregunta ahora es, ¿cómo hacerlo? La Biblia siempre es y será el lugar donde encontrar esa respuesta.

La Disciplina Según Nuestro Señor

Veamos lo que dice nuestro Señor según Mateo 18,

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Mateo 18:15-20.

Nuestro Señor no ha dicho, si un hermano peca contra ti vete por el pueblo diciendo lo malo que él fue contigo. Tampoco ha dicho que vayas a cada uno de los hermanos a decirle sobre esto. Mucho menos que hagas un anuncio o publicación marcándole como falso maestro. Nuestro Señor ha dicho, ve primero a él, hazle saber sobre su ofensa, y si la reconoce y se disculpa, has ganado a tu hermano. Si no hace así, lleva algunos hermanos donde él, para que sirvan de testigos en tu esfuerzo para que el hermano se arrepienta de su falta, sin haberlos predispuesto, es decir, sin haber tratado el tema con ellos antes de hablar directamente con él frente a ellos, si se arrepiente, se ha ganado al hermano, y si no, entonces debe hacerse el esfuerzo a nivel de congregación, no simplemente para marcar al hermano como alguien que no anda bien, sino con el propósito de hacerle meditar sobre su accionar y que pueda arrepentirse del mal hecho. Si en ese momento se arrepiente, demos gloria a Dios por la decisión del hermano, si no, entonces tenerle por “gentil y publicano”. ¿Qué quiere decir esto? H. Leo Boles comenta lo siguiente sobre esto,

“Él debe ser evitado; sin embargo, tiene derecho a la buena voluntad y a todos los oficios de humanidad [ayuda y deber de unos hacia otros como seres humanos que somos, MR]; los fieles discípulos de Cristo no deben tener comunión religiosa con él hasta que se arrepienta (1 Corintios 5:11; 2 Corintios 2:6, 7; 2 Tesalonicenses 3:14, 15). El que no escucha a la iglesia no tiene derecho a la comunión y bendiciones en esta más que cualquier otra persona fuera de la iglesia”[i].

Amados, es importante recalcar que Dios no es Dios de confusión (1 Corintios 14:33), mucho menos de división, sin embargo, lo que nuestro Señor establece aquí es con el propósito de restaurar al hermano errante, no el de castigarlo o vengarnos. En ocasiones cuando un hermano nos falla, optamos por considerarlo y empezar a tratarlo como nuestro enemigo en lugar de nuestro hermano, y esto está mal. El apóstol Pablo escribió lo siguiente y es de importancia considerarlo antes de adentrarnos en nuestro siguiente punto,

“Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien. Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano”

2 Tesalonicenses 3:13-15.

Lo expuesto por nuestro Señor involucra a un hermano, no a cualquier otra persona en este mundo. Siendo un hermano en Cristo, esa alma escucho el evangelio ser predicado, creyó en él, se arrepintió, confeso a nuestro Señor y fue bautizado para el perdón de sus pecados. Su falta puede deberse a falta de estudio o conocimiento sobre el error cometido y es nuestro deber hacérselo saber, de allí la amonestación como hermano y no el desprecio como si se tratase de nuestro enemigo acérrimo. Veamos a continuación, conductas que merecen corrección disciplinaria en la iglesia.

Conductas Que Merecen Corrección Disciplinaria

Wayne Jackson trata sobre estas en su artículo “Church Discipline – A Tragic Neglect” (Disciplina en la Iglesia – Una Negligencia Trágica)[ii] en su sitio web, christiancourier.com. Estas serán tratadas con mayor detalle por parte de este servidor a continuación.

  • Un hermano que ha pecado contra otro, pero que se niega a arrepentirse de su transgresión, podría ser puesto en disciplina en última instancia tal como estudiamos en el punto anterior (Mateo 18:15-17).
  • Quienes causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina son sujetos apropiados para la disciplina de la iglesia. El apóstol Pablo afirma que debemos fijarnos en estos y apartarnos de ellos (Romanos 16:17), eso sí, no sin antes haberles amonestado por tales acciones (Tito 3:10).
  • Quienes siendo hermanos son practicantes de pecados como la fornicación, la avaricia, la extorsión, la idolatría, la embriaguez, la injuria, etc. (1 Corintios 5:9ss) ciertamente son candidatos para la disciplina, considerando también como el apóstol afirma más adelante que, quienes practican tales cosas no heredarán el reino de Dios, y nos recuerda que algunos fuimos así anteriormente, mas ya no debemos serlo, considerando que hemos sido lavados y justificados por nuestro Señor (1 Corintios 6:9-11). Quien vuelve a esas prácticas ciertamente necesita recibir el llamado de atención, y de no acatarlo, ser puesto en disciplina.
  • Quienes defienden doctrinas que amenazan el alma no deben contar con permiso para continuar en comunión abierta con la iglesia. A Timoteo se le recordó que debía mantener la fe y la buena conciencia y no seguir los pasos de Himeneo y Alejandro que desechaban la fe y blasfemaban (1 Timoteo 1:19-20). También se le recordó en la siguiente carta que no se desviará de la verdad como lo habían hecho Himeneo y Fileto (2 Timoteo 2:16-18).
  • Finalmente, quienes andan desordenadamente deben ser negados de tener compañía con los fieles (2 Tesalonicenses 3:6). Por andar desordenadamente necesitamos comprender que involucra la forma en que se conducen en sus vidas. Algunos incluso quieren vivir bajo la máscara de la hipocresía, creyendo que andan por el buen camino, cuando su negligencia ante las cosas espirituales demuestra su falta de compromiso con la iglesia del Señor, porque se han cansado de vivir la vida cristiana. Al ser llamados y abordados sobre esto, se molestan y protestan, “¿Qué estoy haciendo mal? No soy un borracho, ni fornicario, etc.” Sin embargo, ser negligentes en nuestro servicio a Dios es una forma más de andar desordenadamente. ¿Me reúno todos los domingos para adorar? ¿Lo hago de manera responsable participando de todos los actos de adoración? ¿Agradaría a Dios si todos actuáramos bajo nuestras propias libertades al adorar en lugar de hacerlo como Él lo ha establecido? Ciertamente quienes andan desordenadamente, incluyendo aquellos que no están adorando a Dios en espíritu y en verdad (Juan 4:24), descuidándose espiritualmente necesitan un llamado de atención, y en algunos casos, ser participantes de la corrección disciplinaria de la iglesia.

Tras todo lo tratado anteriormente, y que sé hay muchas cosas más que tratar, debido a lo largo de este escrito, deseo lidiar con una pregunta que se me ha hecho con respecto al hacer saber sobre la disciplina extendida a un hermano y el alcance de este comunicado ¿deber ser algo de conocimiento exclusivo de la congregación local, o debe hacerse saber a manera regional o incluso internacional?

Comunicando Sobre La Corrección Disciplinaria

Ya hemos tratado sobre como la disciplina no es simplemente demostrar que nosotros estamos bien y el hermano en cuestión está mal, sino que como un padre amoroso corrige a sus hijos para que enderecen su camino, nosotros esperamos que el hermano que está en error pueda arrepentirse de su error y volver al camino de luz que solo se encuentra en Cristo. También vimos el proceso que nuestro Señor estableció para tratar con quien nos ha ofendido, y luego vimos algunas conductas que ciertamente requieren de algún tipo de disciplina para su debida corrección. ¿Cuál debe ser el alcance de esta? Tratemos brevemente sobre ella.

Cuando un hermano ha pecado contra mi persona, es mi responsabilidad ir a ese hermano y hacerle saber sobre la falta y que pueda arrepentirse de ella. Sí así fue, gloria a Dios, y allí termina la situación. Si no es así, debo visitarle con al menos un testigo para tratar de resolver la situación, y si allí se resolvió, gloria a Dios, y solamente los involucrados junto con el o los testigos saben de la situación y no debe pasar más de allí. Si la situación llego a la iglesia, debe manejarse a nivel de la congregación local, y si el hermano se arrepiente, gloria a Dios, y la congregación no tiene por qué hacer un alboroto o escándalo por esta situación, sino regocijarse porque el hermano ha recapacitado y vuelto al camino del Señor. Pero cuando el hermano es tenido como “gentil y publicano” es necesario que al menos las congregaciones cercanas sepan sobre la conducta de este y el motivo por el cual ha sido marcado como “gentil y publicano”. Tildar a un hermano de “falso maestro” es algo de mucho peso, y debe manejarse de manera bíblica y respetuosa, tanto para los implicados, como para los demás.

Es responsabilidad de cada congregación el reconocer a quienes les visitan. Cada congregación conoce bien quienes son sus miembros y quienes están de visita. En ocasiones visitamos congregaciones y los hermanos allí no saben que somos cristianos a no ser que nos saluden y nos consulten al respecto. Un hermano que sale de una congregación porque ha sido disciplinado en ella, debe estar anuente que, de ir a otra congregación, será consultado sobre su situación. Los miembros de la congregación donde visita deben interesarse por la condición espiritual de este, como la de toda otra alma que nos visite. Es recomendable solicitarle una carta de la congregación de la que fue miembro si este visitante decide “mudar” su membresía a esta congregación. Si es un hermano fiel en la doctrina no tendrá ningún inconveniente en facilitarla, o de hecho quizás la tenga con él. No así con uno que ha sido disciplinado, y en ese caso, de oponerse, sería bueno por parte de la nueva congregación contactar a la congregación anterior para conocer su situación. En algunos casos, el hermano disciplinado quiere llegar con la intención de servir y enseñar en la nueva congregación, y ante esto, es siempre sabio el conocer sus antecedentes. Wayne Jackson, en otro artículo titulado “What About Christian Fellowship?”[iii] (¿Qué Hay Sobre La Comunión Cristiana?) escribe lo siguiente sobre alertar a otros sobre la digresión,

“Se puede ejercer una forma de disciplina haciendo que la hermandad tome conciencia de la enseñanza errónea que proviene del púlpito o la pluma de un hombre.

Los cristianos tienen derecho a saber cuál es la posición de un maestro o predicador sobre cuestiones fundamentales antes de utilizar sus servicios. Algunos hermanos se quejan de los diarios de chismes que se dedican exclusivamente a hacer chismes, y con razón.

Sin embargo, si hermanos más responsables reunieran el coraje para castigar amable y enérgicamente a los maestros descarriados, no habría necesidad de vigilantes”.

Amados, la primera carta a los Corintios nos sirve de gran ejemplo sobre lo tratado aquí, considerando que había muchas fallas en esa congregación, incluso la del hijo de un hombre que había tomado la mujer de este como suya es tratado en esta carta, y el texto nos dice que los cristianos allí estaban envanecidos con esto (1 Corintios 5:1-2). El llamado de atención en la carta no era solo contra ese hermano y el caso de incesto del que era participe, sino a toda la congregación por aplaudirle tal comportamiento. Anteriormente se había tratado cómo el inspirado apóstol se había enterado de las divisiones en esa congregación por reporte de los de Cloé (1 Corintios 1:10-17). Los de Cloé hicieron saber de esto a Pablo, pero en ninguna parte se nos dice que enviaron cartas a toda Grecia para notificarles sobre esta división.

En el libro de Apocalipsis, especialmente en los primeros tres capítulos leemos sobre como el Señor le dice a Juan que escriba a varias congregaciones acerca de lo bueno o malo que había en ellas y lo que debían seguir haciendo o corregir al respecto, y no como una carta en general a todas ellas exponiéndolas ante toda la nación. Si bien en nuestras mentes finitas nos parece que está bien el enviar cartas a todas las congregaciones del país para notificar sobre un hermano que ha sido puesto en disciplina, realmente no vemos este tipo de práctica en las Escrituras. Por mucho tiempo he pensado así considerando que he visto que es lo que se ha practicado en nuestros países, sin embargo, ahora se están dando casos en donde hermanos que ni siquiera son miembros de la congregación afectada y que ni siquiera residen en el mismo país donde se da el conflicto, quieren estar tildando a hermanos de “falsos maestros” saltándose todo el proceso de disciplina bíblico que ha sido estudiado y que debe ser propio de la congregación donde ocurre el problema. Amados, somos cristianos y tristemente se han dado muchas divisiones en la iglesia del Señor debido a que hay quienes andan como cazadores de brujas, buscando que cabeza cortar, en lugar de practicar la disciplina bíblica que busca hacer que quien anda mal, a través del remordimiento, pueda volver al buen juicio y comprender que debe arrepentirse y volver al redil del Señor. Mi recomendación, y esto es a manera personal, sobre enviar este tipo de cartas es que, se haga a aquellas congregaciones cercanas donde es probable que el hermano errante visite para que estén anuentes sobre la condición del hermano. Enviar cartas a todo el país, o incluso fuera del mismo, me parece algo excesivo, considerando que ese hermano quizás nunca pise un pie en alguno de sus locales de reunión. Me parece más una situación de indisponer a un hermano que la de buscar que vuelva al camino correcto. Ese debe ser el propósito de la disciplina, traerle de vuelta, no facilitarle el trabajo al Enemigo de tenerle más cerca de él.

Conclusión

Sé que es un tema complejo, y mi planteamiento sobre el tema no ha sido tomado a la ligera, tampoco ha sido algo fácil mucho menos breve de escribir. Todo lo referente a nuestra condición espiritual, sea la nuestra o la de un hermano, debe tratarse con lo que la Biblia afirma. La corrección disciplinaria de la iglesia siempre debe manejarse con el deseo de que quien es disciplinado pueda volver a la iglesia estando arrepentido del mal cometido, y no con el propósito de quitarnos a ese hermano “problemático” de encima. Los cristianos fieles y que son deseosos de que la palabra de Dios more en abundancia en sus corazones buscarán hacer todo lo posible para que el perdido y el errante puedan volver al camino en que el fiel y diligente siguen. Si has sido puesto en disciplina y lees esto, quiero que sepas que nuestro deseo es que vuelvas al Señor, te reconcilies con Él, y puedas gozarte en adorarle en espíritu y en verdad con tus hermanos. Si eres de los que han puesto en disciplina a un hermano, recuerda que él no es tu enemigo, Satanás sí lo es, y se goza en que tu hermano no ande en buen camino, pero tu deber es orar por él y practicar la disciplina en él para que pueda arrepentirse y volver. Recordemos siempre que, “el Señor al que ama, disciplina” (Deuteronomio 8:5; Proverbios 3:12; Hebreos 12:6; Apocalipsis 3:19), así como que todo lo que hagamos, sea de palabra o de acción, debe ser bajo la autoridad de nuestro Señor, siendo agradecidos con el Padre por todas sus bendiciones (Colosenses 3:17). La iglesia necesita con urgencia trabajar en su unidad, y dejar de buscar excusas para seguir dividiéndose. Cristo es uno, Su iglesia también lo es. Trabajemos juntos por esa unidad.

¡A Dios sea toda gloria!

Referencias


[i] Boles, H. Leo, The Gospel According to Matthew: A Commentary, Gospel Advocate Company, 1952, p. 377.

[ii] Jackson, Wayne, Church Discipline – A Tragic Neglect, Christian Courier, https://christiancourier.com/articles/church-discipline-a-tragic-neglect, Visitado el 12 de Junio de 2023.

[iii] Jackson, Wayne, What About Christian Fellowship?, https://christiancourier.com/articles/what-about-christian-fellowship, Visitado el 14 de Junio de 2023.

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2 comentarios en «Hablando Claro Sobre La Disciplina En La Iglesia»

  1. Alexei Rodriguez García

    Estimado hermano
    Yo soy cristiano desde el año 1997 y siempre he tratado de tener una actitud coherente con mi fe desde que nací espiritualmente.
    Hoy en día vivo a 45.km trabajo 6 días a la samana como masajista y fui disciplinado por por falta de compromiso cuando en ocasiones no he podido asistir a causa de la lejanía he cometido errores y los reconozco el problema es que en medio de la disciplina no se me ha atendido nada el pastor ni nadie de la iglesia me ha llamado, no se ha preocupado por mi esto es correcto?

    1. Hola Alexei, disculpe la demora en mi respuesta. El tema de disciplina es algo que debe tratarse en la iglesia y está claramente registrado en las Escrituras. Si bien la distancia puede ser un problema, lo más sensato en este caso sería buscar una congregación más cercana y hacerle saber a su congregación sobre esto. El hecho que mencione el termino pastor me da la impresión de que se trata de una iglesia hecha por los hombres y no la establecida por Cristo (en la iglesia del Señor hay pluralidad de ancianos, también llamados pastores, que velan por el bienestar del rebaño, es decir, del cuerpo de Cristo). El acto de disciplina no es simplemente apartar a alguien de la congregación, sino hacerle saber porque para que este pueda arrepentirse y volver, no simplemente ponerle fuera y olvidarse de esa alma. Le exhorto a que busque una congregación de la iglesia de Cristo cercana a usted y pueda estudiar con los hermanos en ella. También le invito a ver este video con el que puede validar si la iglesia a la que asistia es la del Señor o una denominación, https://buscandolaverdad.org/por-que-hay-tantas-iglesias/

      Dios le bendiga y espero pueda encontrar solución a la dificultad que experimenta pronto.

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